jueves, 2 de abril de 2009

ALFONSÍN


Hoy que ha muerto , toda la prensa,radio y tv recuerdan y ensalzan la figura de Raúl Alfonsin . Pero se olvidan comentar lo más triste que le hicieron en vida: NO lo dejaron gobernar para desgracia de este pais.ARGENTINA.
¿Se repite la historia de nuevo?

6 comentarios:

MONA dijo...

Sí. Se repite... pero pasa hoy lo mismo que le hicieron a Alfonsín, porque tocamos los mismos intereses. Hoy no hay espacio para dictaduras militares, pero la imposición del mercado es peor aún. Y nos lo quieren imponer los de casi todos los partidos, y algunos que eran peronistas también!!!! En esto tienen un rol preponderante los medios de comunicación, que participan como partido político, con una visión neoliberal, más extrema que la de nuestro infiltrado Menem...
En Canal 7 mostraron la cadena nacional de abril del 85, donde Alfonsín llamaba a la plaza de mayo "por la democracia y contra la dictadura". Nuestro planteo hoy es "por la democracia contra el neoliberalismo" que es otra forma de dictadura.
Te das cuenta? Estamos parados en el mismo polvorín! Ya no es cuestión de si Alfonsín bueno o malo. La cuestión es hallar puntos comunes con la oposición para formar una comunidad de ideas afines. Es eso la pegó el viejo: ir por las ideas, y no por las personas...
Ahora... me pregunto ¿no podían esperar un poco los radicales para salir a acaparar votos? hasta el entierro nomás... digo... no sé...
Un gran abrazo!!!

Tere Marin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tere Marin dijo...

Gracias por tu reflexión ,Mona...leía el otro día al respecto un artículo de Eduardo Sanguinetti - Filósofo -que decía:
"Los medios de comunicación, o más bien de información, prensa, radio, televisión y otros, en su mayoría, con honrosas excepciones, se orientan hacia la información de mensajes, pensados éstos como meras mercancías, que no de conocimientos o de verdades acerca del mundo histórico-social, los cuales producen y reproducen confusión y ocultamiento de la realidad en los ciudadanos.

La televisión y la radio comerciales están en manos de poderes fácticos. Cuando conviene a su interés privado les otorgan un uso político, ya sea para apoyar a un candidato de su preferencia o para denostar, descalificar a otro. Así, en general, ese tipo de medios de información tienen como tarea destruir o bloquear el pensamiento crítico, disruptivo e inscribir a las personas en la sujeción a la imagen virtual, misma que aliena y enajena a los ciudadanos. Por ello desean formar individuos consumidores, y no sujetos políticos desafiantes de lo mismo.

Desde los medios de información se observa a la política como un espectáculo, y todo porque en lo real los escenarios políticos, donde actúa la clase política y los poderes fácticos, reina la mentira y la simulación, que es también, al final de cuentas, un espectáculo. Ambos elementos han venido desnaturalizando a la política. Lo anterior como resultado de la cohabitación de intereses particulares entre medios de información y el poder de dominación, y su modelo económico concentrador de la riqueza en grandes corporaciones. A este tipo de medios autoritarios no les ha llegado la democracia, ni la ley. Siguen actuando en el marco del libre mercado.

Observe usted estimado lector lo que sucede en el grupo político que accedió al poder, como izquierda moderna simulada, utiliza el gasto público para minimizar el impacto de la crisis en algunos rubros o sectores de la economía. En el fondo esos dineros públicos apoyan los intereses de empresarios. Lo que no se observa es que las ganancias de los mismos no se invierten para mitigar la crisis. Sus ganancias permanecen intocadas.

Ya vimos que el solo hecho de afirmar que con 21 acciones salvarían la educación en el estado no dio resultado. El conflicto político continúa, el rezago educativo se incrementa y la calidad educativa sigue siendo un ideal en el horizonte. Lo anterior, porque las 21 acciones constituyen una simulación, dado que lo que le importa al peronismo-kirchnersmo en el poder es cooptar al movimiento; regresarlo a las políticas corporativas sindicales(guardia pretoriana del peronismo desde su llegada al poder en 1945), en las que con facilidad se corrompía a los dirigentes, y se anulaba la autonomía y la independencia. Esas políticas corporativas, como la que actualmente practica, producen un alejamiento de los maestros de la acción política, con la intención de convertirlos en meros administradores y planificadores del acto de educar, además separa la política de la educación. Así vemos cómo la clase política gobernante actual separa la política de la economía, para que ésta marche solamente por el libre mercado, los monopolios, a favor de los poderosos. Sin la política, la economía enriquece a pocos. Con la primera podemos distribuir la riqueza y crear un proyecto alternativo de nación, de país. Si a la educación le quitas la política, entonces la primera se orientará a los fines privados.La cuestión que se plantea de manera puntual y estricta es si se podrá cambiar la proa del accionar de estos Anónimos Mesías en la función pública con la presencia de reales y comprometidos políticos capaces de originar el giro que dará origen a un nuevo país como así también serilizará en sus accionar un cambio de paradigma en un pueblo vapuleado, manoseado y anestesiado, que solo espera poder comer su ración de alimento y soportar lo insoportable a cambio de seguir respirando el aire nauseabundo de una Argentina incierta."

Aunque reconozco cuantos palos les ponen en las ruedas los oligarcas de siempre al gobierno de Cristina Fernandez hay que reconocer los puntos de reflexión que sobre él hace Sanguinetti.
Un abrazo afectuoso,
Tere Marin

Luis Quijote dijo...

Los pueblos que no quieren analizar su historia están condenados a repetirla.

Para recordar y tener memoria:

El gobierno de Alfonsín debió afrontar:

- La Rural (Guillermo Alchourón) y agrogarcas: Presiones constantes y silbatina en la exposición.
- Ubaldini: 13 Paros generales CGT.
- Dirigentes políticos exigiendo su renuncia.
- Amenazas permanentes de los sectores militares, sublevaciones de Rico (Campo de Mayo y Monte Caseros), Seineldín, Alvarez de Igarzabal, y varios otros que no prosperaron.
- Información tendenciosa en la prensa.

Kirchner:

- Amenazas destituyentes de los agrogarcas.
- 7 Lock outs agropecuarios y cortes de rutas + desabastecimiento.
- Ataques de la Prensa Canalla (inseguridad, censura, pena de muerte).
- Ausencia de información, en diarios, sobre aumentos a jubilados o regularización del PAMI.
- Paros de varios gremios exigiendo incrementos salariales.
- Intentos de generar una "estampida" del dólar.
- Información tendenciosa en la prensa.

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¿La historia se repite?
¿Lloraremos luego lo que no supimos valorar?

Tere Marin dijo...

Gracias por este comentario tan completo y lleno de reflexión.
Saludos Quijote.

Anónimo dijo...

Reflexiones sin demagogia - Página 12 - 02/04/2009


Por Osvaldo Bayer
Tengo 82 años y nací justo tres semanas antes que Alfonsín. Es decir que viví todos los mismos tiempos históricos. La Década Infame durante la niñez, el golpe del ‘43 a los 15 años y el primer peronismo a los 18. Y todo lo demás. Las tristes realidades argentinas pero siempre las esperanzas al comenzar de nuevo.

¿Qué pienso de Alfonsín? Empecemos por el lado bueno. Es uno de los pocos presidentes a los que no se le puede reprochar ningún negociado ni enriquecimiento en provecho propio. Eso ya es algo, en la Argentina.
En lo demás tal vez sea muy duro, pero es que viví parte de mi vida en Alemania, principalmente en la posguerra, y tal vez esperé de Alfonsín –después de la dictadura de la desaparición– una política parecida a la del posnazismo en Alemania, donde el pueblo alemán demostró haber aprendido, por fin, la lección para siempre. Nunca más ni el militarismo ni las guerras ni el racismo ni el totalitarismo.
Cuando regresé de mi exilio pensé que la Argentina iba a iniciar el mismo camino de autocrítica, luego de la larga cadena de dictaduras militares y del haber sido escenario de la “Muerte argentina”, como se conoce en el exterior al sistema de la desaparición de personas, la tortura bestial de los prisioneros, su muerte final –como el ser arrojado con vida desde aviones al río– y el robo de sus niños.
No, no fue así. Empezó el tire y afloje. Mi primera decepción fue cuando Alfonsín y su partido no propugnaron la comisión bicameral investigadora de los crímenes militares –como tendría que haber sido– sino que cargó esa responsabilidad en una “comisión de notables” elegidos a dedo. Algunos de los cuales habían sido colaboracionistas de los dictadores o, por lo menos, sonrientes concurrentes a audiencias de los verdugos. Bien, sí, algo hizo la llamada Conadep porque por lo menos se recogieron acusaciones. Pero no se cumplió con la investigación a fondo que podría haber tenido –por su responsabilidad– una comisión bicameral. Para luego pasar al juzgamiento de los responsables mayores.
Se hizo entonces el juicio a los comandantes, pero limitado a eso, a los responsables pero no a los centenares de ejecutores. Y esos responsables fueron a parar a “countries” cercanos a un penal militar, entre jardines y con la visita diaria de sus familias. Luego, el levantamiento de carapintadas y el presidente que va en helicóptero al cuartel a “parlamentar” con los que volvían a levantarse con sus armas contra el poder elegido por el pueblo. En vez de resistir con el pueblo, no, fue a parlamentar. De ahí salieron las humillantes palabras para todos los que estábamos en Plaza de Mayo dispuestos a defender la democracia hasta sus últimas instancias, que quedarán para la historia de las renuncias argentinas: “La casa está en orden”, “Felices Pascuas”. Y de inmediato las leyes que avergonzarán para siempre al Congreso Nacional, de obediencia debida y punto final. Votadas por los representantes de la Unión Cívica Radical.
En otras palabras: libertad incondicional para todos los uniformados de la picana eléctrica y la desaparición. La democracia se había puesto de rodillas ante los criminales desaparecedores. Eso fue imperdonable. Como lo fue también un hecho de ese gobierno: el mantenimiento en la cárcel hasta cumplir con sus condenas de los presos políticos que habían sido condenados por los jueces de la dictadura. Yo los visité hasta bien entrado el año ’88. Fui, me acuerdo, con la actriz noruega Liv Ullmann a Devoto. Allí estaban, eran cuatro. Y nos juraron su inocencia y nos relataron las torturas bestiales a que habían sido sometidos por esos “jueces” de la dictadura a los que el gobierno de Alfonsín no dejó cesantes como tendría que haber hecho. Y el otro acto que nos llenó de tristeza y pesimismo fue la brutal represión ordenada por el gobierno radical contra los invasores de La Tablada. En vez de seguir el consejo del jefe de policía de aquel entonces, de sitiar el cuartel y rendirlos por hambre, envió nada menos que al peor represor que había actuado en Mar del Plata, autor de la trágica Noche de las Corbatas, que llevó a la desaparición de todos los abogados de derechos humanos de esa ciudad. Ese señor general invadió el cuartel de La Tablada con bombas de napalm, gases y fuego cruzado de ametralladoras. La masacre fue evidente: murieron soldados que se hallaban en el cuartel, guerrilleros y hasta se dieron el lujo los militares de haber hecho “desaparecer” a unos cuantos de los jóvenes invasores. La comisión de derechos humanos de la OEA criticaría después abiertamente al gobierno de Alfonsín por ese ataque y por haber sido los acusados mal juzgados, sin los resguardos pertinentes. Y, para no extenderme, el final. El haber abandonado el gobierno cinco meses antes de terminar su mandato, para dejarle el “muerto” económico a Menem. Ningún estadista elegido por el pueblo debe hacer una cosa así. Tiene el deber de demostrar su sentido de la responsabilidad hasta último momento. Por algo el pueblo, después de Alfonsín, cambió de rumbo y volvió a votar al peronismo. Y tuvimos que aguantar diez años a Menem y su saqueo por el Pacto de Olivos, un arreglo de comité que acentuó el personalismo en nuestro país.
No logramos, después de la dictadura de la desaparición, la democracia que deberíamos haber implantado tras las trágicas enseñanzas de nuestro país tan humillado. Escribo esto para llamar a la realidad y no mentirnos en un falso “respeto por los muertos”. Debemos pensar también en los otros muertos, en aquellos que dieron su vida por más justicia en una democracia. Pensar que, desde aquel diciembre de 1983, no hemos cumplido con el principal mandato de una auténtica democracia: un país sin niños con hambre, un país sin villas miseria, un país sin desocupados.