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lunes, 9 de abril de 2018

Lula es el principal objetivo de la burguesía continental

ARTÍCULO COMPLETO DE
Horacio Verbitsky
LEE EN EL COHETE A LA LUNA

"""En mayo de 2017 Sergio Moro, aclamado en toda la región como el justiciero imprescindible, citó a Lula a declaración indagatoria por cargos de corrupción que permitieran encarcelarlo, proscribir su candidatura o, al menos, enchastrarlo de modo de mellar su popularidad. La indagatoria duró cinco horas. La mejor crónica que leí en la Argentina la escribió Bruno Bimbi, para el cable del Grupo Clarín, TN, de donde transcribo.

—¿El departamento es suyo?


—No.


—¿Seguro?


—Seguro.


—¿Entonces no es suyo?


—No.


—¿Ni un poquito?


—No.


—¿O sea que usted niega que sea suyo?.


—Lo niego.


—¿Y cuando lo compró?


—Nunca.


—¿Y cuánto le costó?


—Nada.


—¿Y desde cuándo lo tiene?


—Desde nunca.


—¿O sea que no es suyo?


—No.


—¿Está seguro?


—Lo estoy.


—Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?


—No lo elegí.


—¿Lo eligió su mujer?


—No.


—¿Quién lo eligió?


—Nadie


—¿Y entonces por qué lo compró?


—No lo compré.


—Se lo regalaron…


—No.


—¿Y cómo lo consiguió?


—No es mío.


—¿Niega que sea suyo?


—Ya se lo dije.


—Responda la pregunta.


—Ya la respondí.


—¿Lo niega?


—Lo niego.


—O sea que no es suyo….


—No.


Cuando Lula le preguntaba si tenía algún documento, el juez cambiaba de tema. Salvo una vez, cuando le exhibió un contrato. Lula preguntó:


—¿Quién firmó este contrato?


—Nadie, no tiene firma, está en blanco.


—Entonces puede guardárselo — dijo Lula.


—Según la policía, la firma fue borrada.



—¿La policía descubrió quién la borró?


—No.


—Cuando lo descubran, por favor cuénteme, porque me gustaría saberlo.


—¿Usted aprobó las obras en su departamento?



—El departamento no es mío y no sé de ninguna obra.


—¿Usted no había visto el plano de las obras antes de autorizarlas?


—Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?


En ese interminable diálogo circular, Moro inquirió si Lula estuvo interesado en comprar el departamento. Lula lo negó.


—¿Pero lo visitó?



—Si.


—¿Por qué?


—Porque me lo querían vender.


—¿Lo compró?


—No.


—¿Pero es suyo?


—No.


—Por eso le pregunto.


—Ya le respondí.


Lula admitió que su esposa había pensado comprarlo como inversión pero que él no estaba de acuerdo porque como figura pública nunca podría bajar a la playa. El juez también intentó vincularlo con varios procesados o detenidos por corrupción, preguntándole por algo que uno habría dicho del otro.


—¿Qué me puede decir al respecto?



—Nada: pregúnteles a ellos.


—Pero yo quiero saber su opinión.


—Lo podemos conversar en un café, señor juez. Acá yo no vine para opinar. ¿Tiene alguna pregunta concreta que me involucre?


—Quiero saber su opinión sobre eso.


—No tengo opinión.


—¿Ninguna opinión?


—No.


—¿Y qué opina usted sobre la corrupción?


—Hagamos una cosa, doctor Moro. Organicemos un debate en alguna universidad entre usted y yo para hablar sobre la corrupción, y ahí me pregunta lo que quiera. Pero acá no. Acá vine a ver de qué me acusa y responder sobre eso.


Dos meses después de esa indagatoria, Moro condenó a Lula a nueve años y medio de cárcel como parte de la causa Lava Jato, por corrupción pasiva y lavado de dinero. Sostuvo que el departamento del interrogatorio (un triplex en el edificio Solaris, de Guarujá, en el litoral de São Paulo) era una coima de la empresa constructora OAS para obtener tres contratos con Petrobras, pero no pudo exhibir un solo documento que probara que pertenecía a Lula aunque estuviera inscripto a nombre de la empresa. Como presidente, Lula tendría una responsabilidad objetiva. La Cámara de Apelaciones de Porto Alegre confirmó la condena en enero e incrementó la pena a 12 años y un mes. La apelación que Lula perdió dos veces esta semana no fue sobre el fondo de la cuestión, sino un hábeas corpus para decidir si debía ingresar ya a la cárcel o podría permanecer en libertad hasta que la condena quedara firme."""  sigue completo artículo

sábado, 7 de abril de 2018

La Batalla Cultural nos invita

viernes, 6 de abril de 2018

Concentración popular en la puerta de la casa de Lula.

NO HAY TIEMPO PARA ASUSTARSE NI DEPRIMIRSE

La Patria Grande movilizada abraza a Lula

Todos con Lula #LulaLivre

Si apresan a LuLa el morro va a bajar

jueves, 5 de abril de 2018

Porqué quieren que Lula esté preso

  Lula fue condenado en primera y segunda instancia por ser propietario de un departamento que no constaba de su declaración jurada. Vista así la cosa y suponiendo que Lula efectivamente hubiera omitido esa propiedad de su declaración jurada, la cosa en sí ya sería una nimiedad. Al lado de lo que ocultan los dirigentes de la derecha en los paraísos fiscales, en las offshore, un departamento sería menos que un vuelto. Y sin embargo ningún dirigente de la derecha va preso. Pero la cosa se pone peor: no existe ninguna prueba de que dicho departamento sea propiedad de Lula. El propio juez que lo condenó, al hacerlo, afirmó: “No tengo ninguna prueba, pero sí mucha convicción”. Es decir, ahora en América Latina vos podés ser enviado a la cárcel si un juez tiene la convicción de que hiciste algo, aunque no existan evidencias del hecho supuesto. La verdad es que existe un pacto entre la derecha de Brasil, los medios de difusión del poder y el poder judicial en el sentido de sacar de carrera a Lula. ¿Por qué? Porque el poder sabe que, de ser candidato, Lula va a arrasar. ¿Y entonces? Entonces que el juego está llegando a su fin. Al concretarse la maniobra en la Corte Suprema, no quedan más instancias judiciales. Por lo tanto, no existen más instancias institucionales y solo quedan dos opciones: 1) Nos quedamos todos en el molde y el poder habrá triunfado, básicamente de una vez y para siempre, porque de aquí en más a cualquiera que se atreva a rebelarse ellos van a mandar preso; 2) Salimos a prender fuego todo hasta la revolución y terminamos con la mentira institucional de las clases dominantes en América Latina. Atentos todos los americanos a esa disyuntiva: lo que se decida acá va a replicarse por todo el continente —salvo quizá en Venezuela, que está blindada por Rusia— sea lo que fuere. O entramos en un túnel de gobiernos fascistas y neoliberales de varias décadas, o hacemos la revolución popular como hace 100 años hicieron unos muchachos rusos que se atrevieron, allá lejos y hace tiempo. El pueblo quiere Lula libre. Y va a tener que elegir.

Tocan a uno tocan a todxs