Sus ecos nos llegan desde el siglo VI a.C, tal como lo cuenta Platón en el Teeteto. Veamos los detalles. Tales, uno de los siete sabios de la antigüedad, fundador de la filosofía y la astronomía, sale de casa para observar los cielos. Abstraído en sus pensamientos no ve el pozo que hay en el camino y se precipita al fondo. El único testigo citado es su sirvienta Tracia, una mujer joven, ignorante y, como todos los tracios, obsesionada por el culto a sus muchas deidades. ¿Pero qué pinta en el cuento esa mujer? La respuesta es fácil: está ahí para reírse; la sirvienta se mofa de que alguien que mira tan alto se desentienda de lo que está a sus pies. Quien mira al cielo (de los astros), ignora el suelo (de los creyentes).
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