martes, 10 de julio de 2007

El domingo.


Los domingos le hacen algo a la piel. Felpudo del lunes, el cuerpo se agazapa para enfrentar el principio. O descansa, o llora el final. Nada es lo mismo si sucede un domingo. Es más rica la carne, más sabrosos los ravioles, más dulce la cama, más bello el amor, más lindos los amigos, más oceánico el mar, más carcajadas las risas. El domingo tiene una lupa sobre cada una de sus horas. Tiene un corazón aparte que late sus propios latidos. Ay, domingo, que inmoviliza la ciudad, detiene los autos, sube las radios AM, llena las plazas y enciende chimeneas. Y todavía no entendimos lo mejor, creo. El domingo es un hombrecito tímido, que es el primero pero ríe mejor. Cuando sepamos en el alma que el domingo empieza la historia de nuestros siete días, el lunes dolerá menos, los martes habrá de verdad orquídeas, los miércoles iniciarán la cuenta regresiva, el jueves no pasará nada, el viernes deshojaremos margaritas, el sábado respiraremos hondo un oxígeno de colores, que exhalaremos el siguiente domingo con un tinto en una mano, y la vida plena en la otra.

Mercedes Reincke

2 comentarios:

Azul... dijo...

Qué maravilla de texto!!!

Un bessito

Tere Marin dijo...

Otro abrazo , Azul.........Tere Marin